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Celia Villanueva

Yolanda Argote
15 noviembre, 2019

Celia Villanueva

Taxista rural

Así, sin querer, sin pensar casi, comencé a trabajar de taxista rural. Fue una alternativa aparentemente temporal para dejar mi puesto en una empresa de telecomunicaciones y pensé que era una buena opción porque me aportaba un dinero para vivir y tiempo libre para hacer otras cosas que me gustaban. A pesar de ser periodista de formación y vocación, las pésimas condiciones laborales y económicas de esa profesión y otras circunstancias personales hicieron que diera un giro radical a mi vida. Tomé el volante y marqué un nuevo rumbo, literalmente, hacia carreteras y caminos rurales.

Con el paso del tiempo, esa idea primitiva ha cambiado bastante, no es sólo un trabajo que me gusta, que puedo vivir de él, sino que disfruto cada día y me ha permitido valorar siquiera un poco más los pequeños detalles de la vida, el contacto humano, el lugar donde paso mis jornadas laborales, el mundo rural donde crecí. Ni en mis mejores sueños hubiera pensado que trabajar en mi entorno y de taxista podría aportarme tantas cosas.

Mi padre se jubilaba e insistía a mi hermano para que continuara con la licencia de taxi, entonces decidí que porqué no yo, y dicho y hecho. Hace dieciocho años que tomé esta decisión y hoy disfruto de mi trabajo, tengo una clientela agradecida y a quienes agradezco todo lo que me dan. Y no sólo hablo de regalos en forma de rosquillas, bizcochos, conservas caseras, artesanías propias, fruta de temporada,...y un sinfín de detalles más, sino sus palabras amables, su paciencia, su tolerancia, cariño, su reconocimiento a un esfuerzo diario por facilitarles la vida. Sus conversaciones de "taxi" son un lujo que atesoro como oro en paño. Retazos de su vida que se quedan conmigo y permiten una imagen mucho más precisa del mundo que me rodea. Esas pequeñas historias vitales han conseguido convertir al taxista rural no en un mero chófer, sino en un referente social de cada comarca sin haberlo previsto.

Ser mujer y taxista ya no resulta tan raro aunque todavía hay reticencias a la hora de solicitar determinados servicios y destinos.

Vivir en un entorno rural convierte al taxi en un servicio muy diferente al concepto habitual de ciudad, aporta un extra de cercanía y servicio social. El contacto diario con personas mayores es un aprendizaje constante. Y no se quedan atrás las generaciones más jóvenes que me han hecho tomar el pulso al día a día más actual y novedoso. Me han planteado cuestiones peliagudas y comprometidas, bajo la premisa de considerarme alguien digno de confianza han volcado sus confidencias, y sus silencios a veces, han sido de lo más elocuentes. He visto crecer a una generación y agrada sobremanera mantener esa relación a través del tiempo, seguir siendo una parte de su vida. Soy de la edad de sus madres pero sin serlo, soy como la tía guay que se enrolla bien. Han aportado otros puntos de vista, otras circunstancias vitales que he valorado de manera muy especial.


"Cada día es un regalo. Poder tener el trabajo a la puerta de casa, vivir a ritmo humano, cercano, en la naturaleza, ser valorada por quién eres, dar un servicio útil, este es mi mundo, mi entorno rural que disfruto cada día. Entre todas y todos hacemos pueblo."

 

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