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Autorretrato: una más en el camino de la vida – por Marian Urrechu Reboiro

SOY YO, una más. Persona, mujer, hija, esposa, madre, abuela, profesional…… y, sobre todo, una caminante del camino de la vida. En ese camino he ido aprendiendo y evolucionando, desde que comencé el camino, hace ya más de 71 años. Y quiero seguir haciéndolo hasta el final.

La niña que inició el camino creaba su mundo de fantasía, de príncipes y princesas donde todo era como ella quería y deseaba. ¡Para algo era ella la creadora! Esa niña también tenía una parte interior que reflexionaba y buscaba el sentido de lo divino y de lo humano. Hacía, y se hacía, muchas preguntas, quería comprender la parte de dolor que tenía dentro.

La niña creció y seguía creyendo en los príncipes y seguía queriendo saber y comprender. Era alegre y feliz, esperando que sus sueños se cumplieran y que apareciera su príncipe. Vivió disfrutando la vida a tope y apareció el príncipe y se sintió la más feliz del universo y ella siguió soñando en una vida maravillosa al lado de su príncipe. Y tendrían hijos y comerían perdices.

Y creció más y descubrió que no era feliz, que algo fallaba en su sueño y sufrió, y sufrió. Sufrió hasta llegar bien adentro de sí misma y darse cuenta del error. El GRAN ERROR, de esperar que su sueño del príncipe azul se realizara, de esperar que, desde fuera, le hicieran feliz.

No podía sufrir más, estaba cansada de esperar, incluso asustada de a dónde le llevaría el gran pozo de sufrimiento en el que estaba metida y un día dijo, ¡¡¡BASTA!!!!

Y tomó una decisión: SER FELIZ, dependiendo únicamente de sí misma, dejar de seguir esperando que la realidad fuera como ella soñaba. Se puso en acción y trabajó mucho. No fue nada fácil. Hubo muchos bajones, pero el camino estaba claro: que su mundo emocional dependiera de ella y de sus logros. También le ayudó, a seguir y no parar, el miedo a volver a  caer en el pozo de dolor.

Caminó sin parar, aprendiendo y creciendo. La vida fue dándole oportunidades y, sobre todo, la recompensa de sentirse bien con lo que hacía.  Por fin, un día, se paró, miro a su alrededor y vio por primera vez. ¡Tenía una realidad que era como había soñado muchas veces y no la había visto! Lo que hacía era comparar lo que era, con lo que ella quería que fuera. Y había pasado años queriendo cambiar a las personas y cambiar la vida para que fueran tal y como ella había soñado. Se dio cuenta de que eso era UN GRAN ERROR pues cuando amas a alguien, tienes que aceptarlos y amarlos tal y como son. Solo así podrán brillar, ser lo que deseen ser. Así que lo que realmente cambió no fue la realidad, sino la forma de mirarla. Y eso, lo cambió todo.

En este momento de mi vida, gracias y a pesar de mis errores y gracias a no haber sido feliz, he crecido tanto y soy lo que soy. Doy gracias a mis sueños, a mi parte vulnerable y reflexiva y a la fuerza interior que me impulsa. Me acepto y trato, cada día, de ser yo la que me hago cargo de mí misma. Me acepto con mi desorden, mi pereza, mis imperfecciones, inseguridades y mi caos, pues, con todos ellos, he ido caminando y me siento orgullosa del recorrido.

El aprendizaje continúa y cada día aprendo a amarme y amar a los demás más y mejor. Soy feliz viendo a mi familia feliz y teniéndoles cerca, pero dejando que vuelen libres y con confianza.

Cada vez soy más consciente de mí adentro y pido esa consciencia para el mundo, pues creo que solo viviendo desde dentro se consigue la felicidad y solo desde ahí podemos amar y comprender a los demás.

Vivo y quiero seguir equivocándome y aprendiendo. Me gusta estar con las personas, escucharlas y aprender de ellas, ayudar a que se sientan bien, compartir y transmitir mi aprendizaje para que, si es posible y les sirve, aprendan sin sufrir tanto. Tengo esa esperanza, o esa fantasía. Es mi niña soñadora, que sigue acompañándome en el camino, siempre.

Me gusta cada vez más estar sola con mis reflexiones para seguir buscando el sentido de lo divino y de lo humano y, gracias a esos espacios, cada vez aumenta más mi certeza de que solo viviendo desde el corazón, con agradecimiento y confianza en nosotras y en la vida, seremos plenamente felices y el mundo será un lugar mejor, de amor y de igualdad. No puede haber igualdad si no la sentimos en el corazón y cada persona tiene que ocuparse de sí misma, y dejar de esperar y de culpar a las de afuera.

Quizás sea una utopía, un sueño, pero ¡que no nos falte nunca una utopía que guíe nuestro camino! Pues lo importante es el camino, no la meta.

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